jueves, 30 de junio de 2016

Oración de los 12 años de Santa Brígida





La oración de los 12 años de Santa Brígida:

A)  Promesas que le hizo Nuestro Señor
Jesucristo sobre ellas:

  1. Debes hacer saber que Yo garantizaré las
siguientes gracias a aquellas personas que honren mi más preciosa sangre
durante doce años, con las siguientes oraciones seguidas por siete
Padrenuestros, siete Avemarías y siete Glorias.

  2.  El alma que las rece no será enviada al
Purgatorio Será considerado un mártir como si hubiera derramado su sangre por
la Fe.

  3.  Mantendré a tres almas entre sus familiares,
de su elección, en un estado de Gracia santificadora.

  4. Las almas de sus familiares, hasta la 4ª
generación, evitarán ser enviados al infierno.

  5. Conocerá la llegada de su muerte con un mes
de antelación.

  6. Aquel que fallezca antes de cumplimentar las
oraciones durante esos 12 años, será considerado por mí como orante válido, tal
y como si las hubiese podido completar.

B)   Cómo orarlas:

1.  Las siguientes oraciones deben recitarse todos los días durante doce años
consecutivos.

2.  Si por una razón seria, un día particular, tuvieran que saltarse, al día siguiente
deberían rezarse doblemente.

3.  Es esencial que no se subestime la importancia de ser fiel al hecho de recitar
tales oraciones diariamente, ya que, si la oración debería ser el centro de
nuestra actividad del día, ¿qué razón habría para no recitarlas?

4. Por último, es totalmente necesario rezarlas con atención profunda, y deben ser
recitadas con devoción y meditación, pensando en las palabras que se pronuncian
en ellas.

Carta del Papa San Juan Pablo II sobre santa Brígida:

Santa Brígida nació en 1.303 en el seno de una familia aristocrática en Finsta, una región de Suecia. Es conocida esencialmente como una mística y fundadora de la Orden del Más Sagrado Salvador. Sin embargo no debemos olvidar que la primera parte de su vida fue la de una persona laica, felizmente casada con un devoto cristiano, con el que tuvo ocho hijos. Mi intención a la hora de presentarla como coopatrona de Europa, es para que su ejemplo inspire, no solamente a aquellos que han sido llamados a vivir una vocación de consagración especial, sino para todos aquellos llamados a llevar una vida ordinaria y laica dentro del mundo, y sobretodo, para que sea un ejemplo de vocación de familia cristiana. No nos dejemos desviar al conocer que provenía de una familia pudiente. Vivió junto a su esposo Ulf una vida matrimonial estrechamente unida a la oración, el estudio de las Sagradas Escrituras, y a una vida de mortificación y sacrificio. Juntamente crearon un pequeño hospital en donde frecuentemente asistían a los enfermos. Santa Brígida solía atenderles personalmente.

Al mismo tiempo fue apreciada por sus dotes educacionales, dotes que aprovechó durante el periodo de su vida en el que sus servicios fueron requeridos en la corte de Estocolmo. Los consejos que dió en varias ocasiones a príncipes y soberanos para el correcto funcionamiento de sus deberes, fueron fruto de tales experiencias. Pero los primeros beneficiarios de tales dones fueron en primer lugar sus hijos, y no por casualidad, su hija Catalina, es también hoy venerada como Santa. […]

 Tras la muerte de su esposo, oyó la voz de Cristo, quien la encargaba una nueva misión, guiándola paso a paso a través de una serie de gracias místicas extraordinarias. Santa Brígida abandonó Suecia en 1349 y se asentó en Roma. […] Su íntima unión con Cristo fue acompañada por carismas especiales cargados de revelación, lo que la hace un punto de referencia para muchos miembros de la iglesia de su tiempo. Percibimos en ella un fortísimo don de profecía. Sus palabras son un eco de aquellos grandes profetas del mundo antiguo. Está segura de sí misma cuando habla con príncipes y Papas, revelándoles los planes de Dios o de eventos históricos. Nunca se avergonzó de amonestar seriamente en el tema de la Reforma Moral para los cristianos, dirigiéndose en términos serios incluso al clero. […] No hay duda de que la Iglesia, reconociendo su santidad, acepta la autenticidad de sus revelaciones privadas, aunque no proclama nada sobre cada una de ellas.

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